Han pasado alrededor de dos décadas desde que la llamada restauración de la alabanza comenzó aquí en México y su impacto fue sentido alrededor del mundo. La frescura del sonido de la alabanza con estilos musicales nuevos fue una gran herramienta para enseñar a la gente a adorar a Dios con pasión y alegría, aunque para algunos fue motivo de escándalo. En este mover genuino de Dios, Él usó personas que se atrevieron a ser diferentes, no solo al tocar “música no permitida” por la mayoría de las iglesias de aquel tiempo, sino también como buscadores del rostro de Dios y con actitudes humildes de servicio. Éste mover de alabanza llegó a tener un crecimiento considerable. Al pasar del tiempo se organizaron congresos, se escribieron libros, se levantaron escuelas donde se enseñaba acerca del ministerio de alabanza; la pregunta es, si ha habido décadas de enseñanza ¿Por qué sigue pasando lo que se dijo que no se debía de hacer?
Hoy en día la música cristiana se ha vuelto una industria debido a la gran demanda que ha tenido estos últimos años. Hay música cristiana para todos los gustos, los ministerios abundan y en las iglesias el ministerio de alabanza, si me permiten expresarlo así, es uno de los más populares. Lamentablemente el modelo de adorador, levita, salmista, ministro de alabanza o como se le quiera llamar, ha sido en muchos casos olvidado o sólo usado como una etiqueta para poder obtener un puesto en una congregación.
Es común saber de músicos cristianos que actúan como artistas seculares: con una actitud de soberbia, de rebeldía, de vanidad y creyendo que todos les deben servir. Por ejemplo, hace poco uno de nuestros profesores, que es de los que más viajan por todo Latinoamérica ministrando, nos contaba acerca de las actitudes de una cantante cristiana que vino al D.F. hace tiempo. Ella ha participado en congresos importantes de alabanza y de jóvenes a lo largo del continente y ha compartido plataforma con algunos de los ministerios de alabanza más reconocidos; nuestro profesor nos contó como él fue testigo de que desde el momento que bajo del avión, ella se mostró sorprendida ¡porque no llegó un club de fans a recibirla “como se merece”! Aunque es latina y domina perfectamente el español, todo ese tiempo que estuvo en la ciudad de México habló sólo en inglés y con traductor; a la hora de la comida el representante de ésta cantante preguntaba extrañado al anfitrión “estamos acostumbrados a que siempre que estamos comiendo en algún lugar tenemos que decirles a la personas que le pide autógrafos que no la molesten ¿Por qué aquí no pasa eso? ¿Sí hicieron buena publicidad? ¿El evento al que nos invitaron es serio? ¿De verdad es importante? Porque ella está acostumbrada a estar en los mejores lugares y me preocupa su imagen, ¡ella es una estrella!” sobra decir que la actitud de la cantante y de sus acompañantes dista mucho de aquello sabemos correcto: la actitud de servicio, la sencillez, la humildad, enfocarse en Jesús como el único que merece la gloria.
El anecdotario podría seguir y seguir con historias de este tipo donde la altivez, la soberbia, el deseo por el dinero por encima de servir a Dios, el venderse como productos de consumo musical, abundan y abundan. Naturalmente, por razones éticas, no digo de quienes hablo en los ejemplos anteriores porque la idea no es desprestigiarlos sino aprender, la pregunta sigue ¿Por qué sigue pasando?
Lo peor de esto es que también lo podemos ver en nuestras iglesias. El jovencito que se niega a bajar el volumen de su instrumento, el guitarrista que siempre quiere “adornar” la canción con solos y lo único que hace es ensuciarla, la cantante del grupo de alabanza que quiere que su micrófono se escuche más que el de los demás, el pianista que cree que es el único que puede ministrar durante las oraciones, el músico que actúa como dueño de la plataforma, el líder de alabanza que se cree infalible y se niega a ser enseñado aun cuando frente a él tiene a alguien con mayor experiencia y capacidad musical, el grupo de alabanza que es invitado a otra iglesia y creen que tienen que competir con los músicos locales y tratan de mostrar su “virtuosismo”, que al estar sentados mientras los otros tocan, en vez de adorar toman una actitud de jueces calificadores de programa barato de televisión, etc. también esta lista es muy larga. ¿Por qué sigue pasando?
Alguien podría decirme “es que estoy en un proceso hermano, Dios está trabajando en mi vida” Esto de los “procesos” me parece bastante engañoso porque la palabra misma da a entender un lugar y un tiempo indefinido, es precisamente esta razón por la que creo que queda en una mera excusa para quienes usan esta frase. De hecho, creo que la Biblia no habla de procesos en sí (al menos puse el buscador en mi Biblia digital y no lo encontré) lo que yo encuentro muy frecuentemente en la Palabra de Dios es la palabra CRECIMIENTO.
Todos estamos familiarizados con el crecimiento, de hecho ¡todos crecemos! El crecimiento se nota y tiene plazos; la capacidad de sostener la cabeza del bebé por sí mismos, los primeros dientes, la primera palabra los primeros pasos, la entrada a la escuela, etc. El crecimiento deja huellas que todos pueden seguir, si la mamá no ve esas huellas en su niñ@ ella corre a comprar vitaminas, el papá será cómplice de las preocupaciones maternas y tendrá una regla en casa para medir mensualmente la estatura de su hijo. Crecimiento y tiempos, madurez y capacidad, ir de menos a más, esto es un desarrollo, no un proceso indefinido. Esos enojos y berrinches en el grupo de alabanza dicen algo, ¿no crees? Podríamos caer en el vulgar y demoniaco juego del chisme al criticar a estos hermanitos que se creen “pop stars”, pero la idea no es esa, ¡sé que al leer esto has estado pensando en alguien más! Tal vez tu dedo acusador señala a alguien, pero te recuerdo que al señalar con un dedo, tres dedos más te señalan a ti, dejemos de pensar en otros, examinémonos a nosotros mismos:
¿Cuánto tiempo llevamos en el ministerio? ¿Qué debería de estar haciendo en este momento que en realidad no hago? ¿Las pasiones de la carne me dominan o la paz de Dios hace que nuestro trato con los demás sea cordial? ¿Le doy gloria a Dios o la busco para mí mismo? Las otras 96 preguntas de esta lista háztelas de acuerdo a lo que Dios te está hablando en este momento.
Si encuentras algo malo, haz lo que mamá haría ¡corre por una bueno dotación de vitaminas O y B! es decir mucha Oración y mucha Biblia, ve a la regla de Papá Dios, busca la estatura del varón perfecto: Cristo. Es tiempo de que las buenas semillas que Dios ha sembrado en nosotros con congresos, libros, enseñanzas, ejemplos hombres de Dios que abren el cielo con sus canciones, comiencen a dar fruto en nosotros, la generación que sigue, la generación que alguna vez los que nos precedieron pusieron tanta esperanza en que alcanzaríamos lo que ellos no podrían, Deja de correr tras el “éxito” y corre tras la gloria de Dios, deja de buscar tus 15 minutos de fama y busca la Eternidad del cielo, no busques tener la razón en una discusión, mejor busca agradar a Dios y bendecir a tu hermano, olvídate de la recompensa de los hombres y codicia los tesoros del cielo, en especial el más grande: la Gloria de Dios manifiesta en donde quiera que cantes o toques.
